Seguramente no piensas en un botón. Los tocas, pulsas, aprietas, haces tap o click, pero no mucho más porque simplemente están ahí. Es mi trabajo el que me obliga a darle vueltas a ese botón precisamente para conseguir eso: que tú no tengas que pensar en un botón. Y cuando los botones pasan de ser algo físico, con tacto, con presión, con textura, a unos cuantos puntos iluminados en una pantalla, conseguir esto es tan sencillo o tan difícil como comunicarte una idea: que sepas que aquí se puede tocar.

Cuando la tecnología se renueva, su éxito de depende de que desde el primer contacto ya te sientas familiarizado con ella. Los primeros botones táctiles tienen que ser familiares, recordar a uno de verdad: tienen volumen, son gorditos, de esquinas redondeadas, la luz se refleja en ellos, proyectan una leve sombra sobre el fondo y el texto se graba sobre ellos como un bajorelieve. Decía Steve Jobs que tenían que parecer tan deliciosos que casi te diesen ganas de chuparlos. Kilos de ornamentación y efectos al servicio de una función: que los sientas como algo conocido.

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Pasa lo que pasa siempre. Que tú te acostumbras, vas teniendo ocasión de usar más y más de estas nuevas pantallas y vas aprendiendo qué es un botón; vas aprendiendo dónde tocar y esperar que ocurra algo. Pasa que los diseñadores siempre queremos decir lo mismo con menos. Vemos que sobran cosas, que un brillo se cae, que una redondez se va, que un volumen no hace falta porque sigues sabiendo dónde tocar.

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Y cada vez son más las pantallas y menos lo que necesitamos. Un rectángulo es más que suficiente. Las esquinas redondeadas ya nos aburren (no me gusta decir te lo dije, pero te lo dije ). Si tienes el día barroco, le cascas un borde blanco bien gordo y te quedas como un rey.

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Seguramente sigas sin pensar en un botón. Tantas y tantas pantallas has tocado que es fácil saber dónde se puede tocar. Toca con tranquilidad. Pide perdón antes que permiso. Cualquier cosa puede ser un botón, un recuadro de color, una imagen, o una línea de texto, sencilla pero clara.

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